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Asma

 

 

 

ASMA

 

El número de personas afectadas por asma bronquial, viene aumentando en todo el mundo. En nuestro país, la padecen aproximadamente 1 de cada 9 niños, y 1 de cada 20 adultos. Sin embargo, el diagnóstico correcto de asma, es mucho menos frecuente, lo que suele llevar a tratamientos inadecuados.

 

Cómo se manifiesta

El asma suele presentarse como dificultad para respirar, tos seca, sensación de pecho cerrado, silbidos o chillidos en el pecho, y se caracteriza por períodos con síntomas, alternados con períodos aparentemente normales. Pueden presentarse ataques o crisis de asma, leves, por ejemplo ante ejercicio físico o risa, graves, e inclusive pueden llegar a ser fatales. Esta enfermedad afecta las vías aéreas, puede aparecer a cualquier edad, y no es contagiosa.

 

Cómo se origina

Las vías aéreas son conductos que permiten el pasaje de aire a los pulmones. Se pueden comparar a un árbol y sus ramas, ya que los bronquios se van dividiendo, y se hacen cada vez más pequeños y numerosos. Cuando el asma no está controlado, los bronquios se inflaman, se acumula catarro, y el músculo de los mismos se contrae, achicándolos, y dificultando el pasaje de aire. Al pasar el aire por un tubo estrecho, aumenta su velocidad y se producen silbidos. Si los bronquios están inflamados, la obstrucción al paso del aire puede producirse fácilmente ante estímulos como el aire frío, polvo, ejercicio, humo, etc. En todas las personas el calibre bronquial tiene un ciclo diario, siendo las horas de la madrugada las de mayor estrechez. En este período se producen la mayor parte de las crisis.  

 

 

Cuales son sus causas

El asma tiene un componente hereditario, y esta característica se mantiene toda la vida. No tenemos métodos para “curar” esta predisposición. Sin embargo, para que la enfermedad se manifieste, se necesita la exposición, sobre todo en etapas tempranas de la vida, a factores de riesgo, siendo los más importantes, el humo de tabaco (incluyendo la inhalación del mismo por la madre embarazada), y los alergenos, principalmente ácaros del polvo de la casa. Los hongos relacionados a la humedad, derivados epidérmicos de mascotas (pelos) y cucarachas, también pueden jugar un papel. La exposición a estos alergenos induce la sensibilización alérgica, con aparición de anticuerpos, llamados IgE. En la mayoría de los pacientes, este mecanismo es el principal responsable de la inflamación bronquial. Los factores psicológicos suelen actuar como desencadenantes. En ciertos pacientes, ante una situación de conflicto pueden aparecer las crisis. El aumento del número de casos en los últimos años, especialmente en las sociedades más desarrolladas, parece relacionarse a los cambios ambientales producidos por el aumento del nivel de vida de la población, con casas mejor aisladas para conservar la temperatura, presencia de alfombras, mascotas, y mantenimiento de temperatura y humedad ambiente confortables, que a su vez son ideales para la proliferación de ácaros y hongos que actúan como sensibilizantes. El menor número de infecciones en la infancia, fruto de la medicina preventiva, con la vacunación por un lado, y de el tratamiento precoz de las infecciones, llevaría paradojicamente a una desviación de la respuesta inmune, con aumento de la alergia.

 

 

 

Cómo se hace el diagnóstico

Cuando se presentan síntomas sospechosos de la enfermedad, debemos demostrar la dificultad al paso del aire por los bronquios, y el mejoramiento de la misma espontáneo o con broncodilatadores. Para ello utilizamos la espirometría, antes y después de la administración de broncodilatadores, u otros métodos similares. Si esta obstrucción bronquial se presenta en forma reiterada y sin otra causa aparente, casi con seguridad, la persona padece asma bronquial.

 

 

Esta afección puede ser leve e intermitente, con síntomas que afectan poco la calidad de vida, moderada, o asma persistente grave, constituyendo este último grupo, sólo un pequeño porcentaje de los pacientes. Frecuentemente se acompaña de crisis de estornudos, congestión, goteo nasal, y otras enfermedades alérgicas.

Determinar a qué alergenos es sensible el paciente, será fundamental para encarar un tratamiento adecuado. Para ello es fundamental medir el nivel de IgE en sangre y realizar una testificación de alergia, probando pequeñas cantidades de extractos de los principales alergenos regionales en el antebrazo del paciente  

 

Cómo se trata
Uno de los objetivos del tratamiento es lograr que el paciente no tenga síntomas y requiera poca o ninguna medicación de acción rápida, como los broncodilatadores. Para alcanzarlo, es necesario actuar sobre las causas que llevan a la inflamación bronquial, y con medicamentos que actúen sobre este proceso inflamatorio.

Debe comenzarse con la prevención. En algunos casos se puede evitar la aparición de la enfermedad con medidas tan sencillas como el no fumar durante el embarazo, y en presencia de niños. En familias con antecedentes de asma, u otras enfermedades alérgicas, como rinitis, deben tomarse medidas para controlar los ácaros del polvo, ya que más del 80 % de los pacientes asmáticos en nuestro medio, son sensibles a los mismos. Las más importantes son colocar fundas especiales en colchones y almohadas, evitar la profusión de juguetes de peluche, alfombras, y cualquier superficie rugosa que pueda juntar polvo. Deben evitarse porcentajes de humedad ambiental elevados y la presencia de cucarachas y animales domésticos. En adultos es importante evitar la exposición a sustancias sensibilizantes en el trabajo. Cuando la enfermedad aparece es fundamental identificar los factores que desencadenan las crisis, o aquellos a los que el paciente se ha hecho alérgico. Las medidas de control del medio ambiente, precedidas por un correcto diagnóstico de sensibilidad alérgica, son una de las bases del tratamiento. Las vacunas de alergia, o inmunoterapia, son efectivas en casos seleccionados, en niños y jóvenes con asma alérgico leve a moderado, sobre todo si además tienen síntomas nasales; actúan disminuyendo la sensibilidad alérgica a la sustancia administrada y deben ser prescriptas por especialistas.

 

Los nuevos medicamentos

Un número importante de pacientes con asma sufren síntomas esporádicos, menos de una vez por semana. En estos casos, se administra un broncodilatador de acción rápida en el momento que presentan los síntomas. La administración del medicamento en forma tópica, en los bronquios, tiene ventajas sobre la vía oral o inyectable, ya que al depositar la droga en la superficie del árbol bronquial, la cantidad necesaria para ejercer su efecto es mucho menor, disminuyendo los efectos secundarios. Se pueden utilizar  nebulizaciones, aerosoles, o inhaladores de polvo seco.

Si los síntomas son persistentes, y el broncodilatador se requiere más de 1 o 2 veces por semana, se administra en forma regular medicación antinflamatoria bronquial. Los antinflamatorios más potentes son los corticoides inhalados, cuya absorción y efectos secundarios son mínimos, por lo que pueden utilizarse por largos períodos. En los últimos años se agregaron al arsenal terapéutico otros medicamentos, llamados inhibidores de los leucotrienos, especialmente indicados para asmas leves y moderados, que tienen la ventaja de administrarse por vía oral. Para casos más severos o no controlados por las medidas anteriores, se han incorporado recientemente combinaciones de corticoides inhalataorios y broncodilatadores de acción prolongada.

 

Conclusiones

El conocimiento de la enfermedad, y su tratamiento por el paciente y su familia son muy importantes para el mejoramiento de la afección. Su médico debe indicarle que hacer en caso de crisis o empeoramiento de la enfermedad. El saber que pasos seguir en la emergencia brinda seguridad y tranquilidad al paciente y su familia. Con las medidas mencionadas, es posible lograr, en casi todos los pacientes, una alta calidad de vida, evitar ausencias escolares o laborales, identificar y evitar los desencadenantes, y lograr una colaboración entre médico y paciente, indispensable para el óptimo manejo de esta afección.

 

 

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